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Se acabó el 2020... ¡por fin!

Este 31 de diciembre, por primera vez en 37 años, dejaré las uvas de lado. No pediré deseos, no idealizaré un gran año y no planearé grande acontecimientos. No. Este 2020 me enseñó que todo puede cambiar, que para algunos fueron meses difíciles, para otros no tanto, pero que al fin de cuentas este año dejó entre el tintero miles de proyectos y planes que se fueron por el caño cuando la pandemia irrumpió. Nadie, absolutamente nadie pensó que este año, tan mágico por su combinación numérica traería caos y desconcierto entre todo y es que si se quiere hilar delgado, hasta los más optimistas sintieron cómo su fortaleza de positivismo pudo averiarse durante los primeros meses de encierro.  La vida nos paso por encima este año, todo lo que se supone debía hacerse para que este fuera nuestro año se desechó por un plan pragmático que nos diera un respiro en medio de este caos. Yo aprendí que el encierro y la soledad era algo que necesitaba, que algunas compañías no siempre son las mejores ...

Debes ser feliz, esa es la consigna

Por años hemos tenido que lidiar con espíritus felices que negativizan la tristeza, el dolor y la nostalgia. Para estas almas rebosantes de energía positiva los sentimientos oscuros simplemente deben desvanecerse porque "a esta vida hemos venido a ser felices" y esa creo yo, es la peor falacia de todas. Nosotros hemos venido a este mundo a aprender, aprender a vivir con lo que hay, con lo que no y con lo que podemos rescatar de nuestras experiencias, sin importar si son buenas o malas. En ocasiones el llanto, el dolor y la nostalgia son necesarias para entender por qué ocurren ciertas cosas, estar triste no esta mal, sentir frustración tampoco. Lo malo es anular estos sentimientos para parecer una porcelana en redes sociales, es hablarle a tu mejor amiga con palabras de ánimo y cuestionando su sentir. 

Este mundo necesita sentimientos reales, gente que empatice con el otro y sea capaz de entender que la tristeza es parte de nuestra existencia, que llorar nos fortalece y que querer estar solo de vez en cuando es importante. 

Hablemos con respeto, con prudencia y, si vemos que es necesario, cerremos el pico para no ofender, eso sería un excelente recurso para poner en práctica. 

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Hola,  Este espacio lo he creado con el fin de compartir parte de lo que la ansiedad, el pánico y por momentos, la depresión hacen de mí. Este será una especie de diario que busca compartir con los lectores, muchos o pocos, lo que pasa por mi cabeza cada cierto tiempo. Si ud pasa, me lee y comparte algo de esta experiencia, lo invito a quedarse y a, por qué no, hacer parte de este proceso para sanar los demonios que llevamos en nuestras cabeza. Sin más, muchas gracias por pasar. ¡Saludos, terrícolas!

Se acabó el 2020... ¡por fin!

Este 31 de diciembre, por primera vez en 37 años, dejaré las uvas de lado. No pediré deseos, no idealizaré un gran año y no planearé grande acontecimientos. No. Este 2020 me enseñó que todo puede cambiar, que para algunos fueron meses difíciles, para otros no tanto, pero que al fin de cuentas este año dejó entre el tintero miles de proyectos y planes que se fueron por el caño cuando la pandemia irrumpió. Nadie, absolutamente nadie pensó que este año, tan mágico por su combinación numérica traería caos y desconcierto entre todo y es que si se quiere hilar delgado, hasta los más optimistas sintieron cómo su fortaleza de positivismo pudo averiarse durante los primeros meses de encierro.  La vida nos paso por encima este año, todo lo que se supone debía hacerse para que este fuera nuestro año se desechó por un plan pragmático que nos diera un respiro en medio de este caos. Yo aprendí que el encierro y la soledad era algo que necesitaba, que algunas compañías no siempre son las mejores ...